¿Y el imaginario afectivo del Brasil disidente?


Nuestra escritura no puede leerse como un
cuento antes de dormir para los de la Casa Grande[1],
y sí para perturbarlos en su injusto sueño.
(Conceição Evaristo)
En la década de 2010, entre los círculos de conversación realizados en diversos espacios democráticos y en las redes sociales (internet), se realizaron en Brasil debates deliberadamente intergeneracionales. Hubo un reconocimiento de la importancia de recibir el legado de las feministas negras de los años 1970 y 1980, de Lélia Gonzalez, Beatriz Nascimento, Luiza Bairros, Ochy Curiel, Inaldete Pinheiro de Andrade, Matilde Ribeiro, Conceição Evaristo, Nilza Iraci, Sueli Carneiro, entre otras, así como de visualizar el futuro de las más jóvenes. Entre lo analógico y lo digital, las mujeres negras afro-latinoamericanas y caribeñas, mayores y más jóvenes, pudieron celebrar los encuentros y los sueños de sus antepasadas o de la familia ampliada que se mueve unida en confrontaciones públicas sobre política, economía y cultura.
Algunos proyectos contemporáneos relacionados con los debates antes mencionados: la Marcha de las Mujeres Negras (2014/2015), el álbum musical llamado “Audácia” (2015), de Preta Rara, la Mostra Diálogos Ausentes/Itaú Cultural (2016), curada por Diane Lima, y las películas “O dia de Jerusa” (FIC, 2014), de Viviane Ferreira, “Kbela” (DOC, 2015), “Mulheres Negras – Projetos de Mundo” (DOC, 2016), de mi autoría, “O caso do homem errado” (DOC, 2017), de Camila Morais y “Travessia” (DOC, 2017), de Safira Moreira, así como el best seller “O que é lugar de fala? “(2017), de Djamila Ribeiro.
La reformulación de temas públicos e interdisciplinarios (el lugar de habla, la afectividad y la representación política) impulsaron la resistencia de las millennials negras y otros grupos disidentes, con una gran movilización tanto en el ámbito presencial como virtual en la vida social brasileña. Simultáneamente, la producción audiovisual independiente se convirtió en una necesidad de continuidad generacional, mientras que en proyectos desarrollados para productoras y plataformas de streaming, el convertirse en directora creativa e investigadora se reflejó en las demandas del mercado de los grandes medios de comunicación. En estos espacios, los contenidos producidos y la necesidad de una forma/lenguaje conjugados con valores que enlazan ética, estética y política antirracistas quedan tímidamente frente a las subjetividades y autorrepresentaciones autónomas, porque continúan siendo sugeridos por liderazgos hegemónicos en la jerarquía corporativa de las empresas e instituciones.
Las narrativas y sus tramas en espacios coordinados desde una única perspectiva evidencian, conflictivamente a menudo, la falta de crítica reparadora hacia sus directrices creativas y técnicas. Por otro lado, existe un amplio conocimiento entre los artistas ajenos al poder que emplean tecnologías ancestrales para profesionalizarse e institucionalizarse: resistencia, escucha activa y estrategia de negociación. Sin embargo, la falta de afecto, cuidado y respeto hacia los cuerpos, creaciones, subjetividades y vidas no blancas, especialmente de aquellos más oprimidos y periféricos, impiden la construcción de un lenguaje audiovisual radical desde una mirada desde dentro, desde el sur del mundo.
Siguiendo esta perspectiva, existe una filmografía contemporánea producida por cineastas e investigadores de la representación social que aborda aspectos de sus vidas íntimas y/o comunitarias, pero con el objetivo de buscar una estética basada en referencias afro-brasileñas, africanas, indígenas y de otros grupos minorizados, aunque el tiempo de las violencias y desigualdades está presente, como nos recuerda la curadora baiana Diane Lima. A partir de millones de imágenes en disputa narrativa en internet, en los espacios expositivos y en las calles, también existe la posibilidad de acceder a autorías y enfoques inspiradores que desplazan la existencia más allá de la mirada extractivista y colonizadora. Así, el llamado al debate sobre la representación de cuerpos disidentes se refleja en cotidianos, tanto comunes como ancestrales, cuando consideramos procesos pedagógicos y la producción de prácticas con estrategias de dirección antirracista.
De esta manera, entre las artes contemporáneas y las acciones de activistas e investigadoras, tenemos espacios institucionales poco reflejados por la mayoría de la población (negra e indígena), con presupuestos y cronogramas viables para las necesidades objetivas de nuestras cinematografías. Por eso, en la continuidad del movimiento de mujeres negras al que pertenezco, reconozco la contribución de diálogos fundamentales para debatir la imagen, la representación, el arte y la democracia, ya que estas buscan condiciones prósperas para todas las personas. Por lo tanto, si ya han sido tema de las principales corrientes mediáticas, también sabemos de la concentración de recursos financieros en las instituciones de poder que financian las artes brasileñas. Ahora, apóyanos en asegurarnos el derecho a imaginarios afectivos y memorias diversas y plurales, junto con curadurías que incluyan a artistas disidentes contemporáneas.
Day Rodrigues


Referencias:
BORGES, Rosane. Ensaio “Política, imaginário e representação: uma nova agenda para o século XXI?”, en Blog da Boitempo: https://blogdaboitempo.com.br/2016/02/16/politica-imaginario-e-representacao-uma-nova-agenda-para-o-seculo-xxi
EVARISTO, Conceição. Sobre escrevivência, disponíveis no site da Ocupação Conceição Evaristo: https://www.itaucultural.org.br/ocupacao/conceicao-evaristo/escrevivencia/
GONZALEZ, Lélia. Por um feminismo afro-latino-americano: ensaios, intervenções e diálogos. Organización: Flavia Rios y Márcia Lima. 1a ed. Rio de Janeiro: Zahar, 2020.
HOOKS, bell. Olhares negros: raça e representação. Traducción: Stephanie Borges. São Paulo: Elefante, 2019.
SOBRINHO, Gilberto Alexandre. Identidade, resistência e poder: mulheres negras e a realização de documentários. En: Holanda, Karla. Tedesco, Marina Cavalcanti. (Org). Feminino e plural: Mulheres no cinema brasileiro. Campinas: Papirus, 2017.
[1] El sistema patriarcal de colonización portuguesa de Brasil, representado por la casa-grande, fue un sistema de compromiso plástico entre […] dos tendencias. Si bien este expresó una imposición de formas europeas (ya modificadas por la existencia asiática y afincada del colonizador) sobre el medio tropical, representó un compromiso con las nuevas condiciones de vida y medio ambiente. La casa-grande del molino de caña de azúcar que el colonizador comenzó a construir, aún en el siglo XVI, en Brasil […] no fue ninguna reproducción de las casas portuguesas, pero sí una nueva expresión, correspondiendo a nuestro ambiente físico y a una fase surpreendente, inesperada, del imperialismo portugués: su actividad agraria y sedentaria en los trópicos; su patriarcalismo rural y esclavista. (Gilberto Freyre, 2006). Nota de traducción: Denise Cruz